1,24 millones de personas se enfrentan a una aguda crisis de hambre en el Líbano

Un informe respaldado por la ONU advierte que se espera que 1,24 millones de personas en el Líbano enfrenten una inseguridad alimentaria aguda. La FAO y el PMA destacan el deterioro de la situación humanitaria.
Una evaluación aleccionadora publicada por organizaciones humanitarias internacionales pinta un panorama sombrío de la actual crisis alimentaria del Líbano, donde se prevé que más de 1,24 millones de personas experimenten hambre aguda e inseguridad alimentaria grave en los próximos meses. El informe colaborativo, elaborado por la Organización para la Agricultura y la Alimentación (FAO), el Programa Mundial de Alimentos (PMA) y el gobierno libanés, subraya la creciente emergencia humanitaria que enfrenta una de las naciones más devastadas económicamente de Medio Oriente.
El informe respaldado por la ONU representa una de las evaluaciones más completas de la crisis de seguridad alimentaria del Líbano hasta la fecha, basándose en una extensa investigación de campo y recopilación de datos en todo el país. Según los hallazgos, los 1,24 millones de personas que se espera que enfrenten inseguridad alimentaria en niveles de crisis o peores representan una porción significativa de la población del Líbano, lo que pone de relieve la amplitud y gravedad del desafío humanitario. Esta asombrosa cifra subraya cómo el colapso económico del país ha socavado fundamentalmente la capacidad de millones de personas para asegurar una nutrición adecuada.
El descenso del Líbano al caos económico en los últimos años ha creado las condiciones perfectas para una crisis generalizada de seguridad alimentaria. La libra libanesa ha perdido más del 90 por ciento de su valor frente al dólar desde 2019, lo que ha dejado la moneda prácticamente sin valor y haciendo que las importaciones, que constituyen la mayor parte del suministro de alimentos del Líbano, sean prohibitivamente caras. Sumado a la escasez crónica de combustible, el deterioro de la infraestructura y la parálisis política, el ciudadano libanés común enfrenta una situación cada vez más imposible cuando intenta alimentarse a sí mismo y a sus familias.
La evaluación de la FAO y el PMA identifica varios factores interconectados que contribuyen a la profundización de la crisis. La devaluación de la libra libanesa ha hecho que los alimentos importados sean inasequibles para la mayoría de los hogares, al tiempo que ha agotado las reservas gubernamentales necesarias para estabilizar los mercados y apoyar a las poblaciones vulnerables. Además, la afluencia de refugiados sirios, que suman más de 1 millón, ha ejercido una presión extraordinaria sobre los ya limitados suministros de alimentos y las economías locales, exacerbando aún más la inseguridad alimentaria en la población en general.
Los observadores internacionales señalan que la crisis de inseguridad alimentaria del Líbano no puede separarse de su colapso económico y político más amplio. Básicamente, el sistema financiero se ha congelado, los bancos restringen el acceso a los depósitos y el desempleo se ha disparado, dejando a millones de personas sin fuentes de ingresos estables. Para las familias que ya viven en los márgenes económicos, estas condiciones han eliminado la poca resiliencia financiera que poseían, haciéndolas extremadamente vulnerables a cualquier interrupción en la disponibilidad o los precios de los alimentos.
La clasificación de personas que enfrentan niveles críticos de inseguridad alimentaria tiene un significado específico dentro de los marcos humanitarios. Según el sistema de Clasificación Integrada de Fases de Seguridad Alimentaria (IPC) utilizado internacionalmente, esta designación indica que los hogares no pueden satisfacer las necesidades alimentarias básicas ni la supervivencia y probablemente estén recurriendo a mecanismos de emergencia para hacer frente. Dichos mecanismos podrían incluir la venta de activos productivos, pedir prestado dinero a tasas de explotación o reducir la frecuencia de las comidas y el tamaño de las porciones a niveles peligrosos.
El PMA, que opera amplios programas de asistencia alimentaria en todo el Líbano, ha enfatizado que la organización está ampliando dramáticamente sus operaciones en respuesta al empeoramiento de la situación. Sin embargo, la organización también señala que incluso con un mayor apoyo internacional, abordar las necesidades de más de un millón de personas que padecen inseguridad alimentaria representa una tarea enorme que requerirá un compromiso sostenido y recursos de la comunidad global. La magnitud de la necesidad sigue superando la financiación disponible, lo que crea una brecha persistente entre lo que se necesita y lo que se puede ofrecer actualmente.
El sector agrícola del Líbano, históricamente importante para la economía nacional, también ha sufrido una grave degradación durante el período de crisis. Los agricultores carecen de combustible para el riego, no pueden permitirse fertilizantes y semillas a los precios actuales y se enfrentan a la incertidumbre sobre si podrán vender sus cosechas de forma rentable. En consecuencia, la producción nacional de alimentos se ha contraído significativamente, lo que hace que la nación dependa aún más de las importaciones y aumenta la vulnerabilidad a las fluctuaciones de los precios internacionales y las interrupciones del suministro.
Las organizaciones humanitarias involucradas en la evaluación enfatizan que sin una intervención urgente y reformas económicas fundamentales, la situación está a punto de deteriorarse aún más. El informe proyecta que la inseguridad alimentaria podría profundizarse y expandirse si las tendencias económicas actuales continúan sin control. Mientras tanto, los funcionarios gubernamentales han pedido apoyo internacional mientras realizan esfuerzos preliminares para abordar la estabilización monetaria y la reconstrucción económica, aunque el progreso en estos frentes ha seguido siendo frustrantemente lento.
La crisis alimentaria libanesa también ha desencadenado una importante migración interna, y las poblaciones rurales se están desplazando cada vez más a los centros urbanos en busca de oportunidades económicas y programas de asistencia. Sin embargo, esta migración ha sobrecargado simultáneamente la infraestructura urbana y los servicios sociales, creando nuevos desafíos humanitarios en ciudades ya abrumadas por la presencia de refugiados y personas desplazadas. Las organizaciones comunitarias informan que los asentamientos informales se han expandido dramáticamente y albergan a poblaciones con acceso mínimo a servicios básicos.
Las naciones y organizaciones donantes internacionales han expresado su grave preocupación por la trayectoria del Líbano, reconociendo que si no se aborda la disfunción económica y política subyacente podría resultar en una catástrofe humanitaria a escala masiva. Las consideraciones sobre la estabilidad regional subrayan aún más la importancia de prevenir el colapso del Estado y los efectos secundarios asociados que podrían desestabilizar a los países vecinos. Los esfuerzos diplomáticos continúan, aunque el consenso sobre medidas de reforma específicas sigue siendo difícil de alcanzar entre el establishment político profundamente fracturado del Líbano.
La evaluación de la seguridad alimentaria publicada por la FAO, el PMA y el gobierno libanés sirve como punto de referencia fundamental para la planificación de la respuesta humanitaria internacional y la asignación de recursos. A medida que la situación evolucione, estas organizaciones planean realizar evaluaciones actualizadas para rastrear los cambios en la prevalencia de la inseguridad alimentaria y ajustar sus intervenciones en consecuencia. La comunidad humanitaria reconoce que abordar la crisis alimentaria del Líbano requiere en última instancia resolver la disfunción política y económica subyacente que impulsa la crisis más amplia.
Para los ciudadanos libaneses comunes y corrientes, las estadísticas abstractas y los debates sobre políticas se traducen en luchas diarias por la supervivencia. Los padres toman decisiones angustiosas sobre qué comidas saltarse y qué niños alimentar adecuadamente. Las personas mayores con pensiones fijas ven con impotencia cómo se evapora su poder adquisitivo. Las familias jóvenes contemplan la emigración como el único camino viable para asegurar el futuro de sus hijos. Las dimensiones humanas de la crisis, a menudo perdidas en las discusiones de alto nivel, representan la verdadera medida de la emergencia humanitaria del Líbano y la urgencia con la que la comunidad internacional debe responder.
Fuente: Al Jazeera


