La ley de "unidad étnica" de China: el mandato del mandarín genera preocupación

El parlamento chino está preparado para aprobar una nueva ley de "unidad étnica" que disminuirá el papel de las lenguas minoritarias en el sistema educativo. Esta controvertida medida plantea preocupaciones sobre la preservación cultural.
Mientras el Congreso Nacional del Pueblo (APN) de China, la legislatura estatal, se prepara para votar sobre un conjunto de nuevas leyes esta semana, una ley que disminuirá el papel de las lenguas étnicas minoritarias en el sistema educativo ha surgido como un importante punto de discordia. Se espera que se apruebe la propuesta de ley de "unidad étnica", centralizando aún más el uso del chino mandarín en las escuelas de todo el país.
Según la nueva legislación, el mandarín se convertirá en el idioma de instrucción predeterminado, teniendo prioridad sobre los idiomas minoritarios como el tibetano, uigur y mongol. Muchos ven esta medida como una erosión continua de la autonomía lingüística y cultural para los diversos grupos étnicos de China, que durante mucho tiempo han luchado por preservar sus identidades únicas frente a las políticas asimilacionistas de Beijing.

La reunión anual de "dos sesiones" de la APN, donde se acordaron las nuevas leyes, ha sido durante mucho tiempo un escenario para la aprobación con sello de la agenda del gobierno chino. La sesión de este año no es una excepción, ya que se espera que los delegados aprueben abrumadoramente la ley de unidad étnica, junto con un nuevo código ambiental y el decimoquinto plan quinquenal del país.
Los críticos argumentan que la disminución de las lenguas minoritarias en la educación tendrá consecuencias de largo alcance, no sólo para la preservación cultural de los grupos étnicos sino también para sus resultados educativos y movilidad social. Muchos temen que esta última medida sea parte de una estrategia asimilacionista más amplia destinada a erosionar las distintas identidades de las diversas poblaciones de China.

A pesar de estas preocupaciones, el gobierno chino ha sostenido que la ley de unidad étnica es necesaria para promover la cohesión y la integración nacionales. Sin embargo, defensores de los derechos humanos y observadores internacionales han criticado repetidamente las políticas de Beijing hacia las minorías étnicas, acusando al gobierno de abusos sistemáticos de los derechos humanos y genocidio cultural.
Mientras el parlamento de China se prepara para aprobar esta controvertida legislación, el futuro de la diversidad lingüística y cultural en el país sigue siendo incierto. Las implicaciones de la ley de unidad étnica probablemente serán seguidas de cerca por grupos de derechos humanos, instituciones académicas y la comunidad internacional en los próximos meses y años.

Fuente: The Guardian


