Exiliados cubanos luchan por propiedades confiscadas

Décadas después de perder sus hogares a manos del régimen de Castro, las familias cubanas buscan compensación. ¿Pueden recuperar sus propiedades confiscadas?
Teo A. Babún, Jr. sentado en su oficina de Miami, un testimonio vivo de uno de los temas más polémicos que dividen a Cuba y Estados Unidos durante más de seis décadas. La historia de su familia refleja la de miles de exiliados cubanos que huyeron de la nación isleña después de que el gobierno revolucionario de Fidel Castro llegó al poder en 1959, sólo para perder sus hogares, negocios y riqueza generacional debido a la confiscación del gobierno. La pregunta que persigue a Babún y a muchos otros como él sigue siendo engañosamente simple pero profundamente compleja: ¿alguna vez verán una compensación por lo que les quitaron?
La confiscación de la propiedad privada comenzó casi inmediatamente después de que Castro consolidara el poder, cuando su gobierno revolucionario implementó amplias políticas de nacionalización diseñadas para desmantelar la clase capitalista y redistribuir la riqueza en toda la sociedad cubana. Entre 1959 y principios de la década de 1960, cientos de miles de cubanos –principalmente la clase rica de comerciantes, terratenientes y élites empresariales– huyeron de la isla hacia Miami, Puerto Rico y otras ciudades estadounidenses, dejando atrás vastas propiedades inmobiliarias, plantaciones de azúcar, fábricas y empresas comerciales. Los familiares como Babún heredaron no solo títulos de propiedad física, sino también el peso emocional del desplazamiento, la carga de la pérdida cultural y la esperanza persistente de que algún día la restitución sea posible.
Los consultores profesionales contratados por la familia de Babún realizaron una valoración integral de sus propiedades perdidas, examinando registros de propiedad, documentación histórica y comparables de mercado para determinar cuánto valdrían sus activos en la economía actual. Para 2018, estos expertos habían calculado que las propiedades confiscadas a la familia en Cuba estaban valoradas de manera conservadora en cientos de millones de dólares. Esta asombrosa cifra refleja no sólo el valor original de los terrenos y edificios confiscados, sino también décadas de apreciación, pérdida de ingresos por alquileres y el crecimiento económico compuesto que se habría acumulado si hubieran conservado la propiedad.
Fuente: The New York Times


