El liderazgo dividido del Partido Republicano deja al Congreso en la lucha por poner fin al cierre del gobierno

El actual cierre del gobierno se prolonga mientras los republicanos en el Congreso siguen amargamente divididos, incapaces de encontrar un camino claro para reabrir el Departamento de Seguridad Nacional.
Las amargas divisiones dentro del Partido Republicano han dejado al Congreso sin una salida clara para poner fin al actual cierre del gobierno, mientras profundas divisiones entre los republicanos de la Cámara y el Senado continúan estancando cualquier acuerdo bipartidista. Dado que el Departamento de Seguridad Nacional permanece cerrado, el estancamiento no muestra signos de resolución mientras ambas partes se atrincheran, incapaces de llegar a acuerdos sobre las cuestiones centrales que provocan el impasse.
El cierre, ahora en su tercera semana, se ha convertido en un punto álgido de las diferencias ideológicas que atraviesan el Partido Republicano. Por un lado, los conservadores de línea dura en la Cámara son firmes en sus demandas de incluir en cualquier proyecto de ley de gasto disposiciones que reviertan las acciones ejecutivas del presidente Obama sobre inmigración. Por otro lado, los republicanos del Senado liderados por el líder de la mayoría Mitch McConnell temen entablar una lucha prolongada que podría dañar aún más la imagen del partido ante los votantes.
El enfrentamiento ha dejado el destino del Departamento de Seguridad Nacional en el limbo, con miles de sus trabajadores suspendidos y funciones críticas interrumpidas. El secretario del DHS, Jeh Johnson, ha advertido repetidamente que el cierre pone en peligro la seguridad nacional, destacando lo mucho que está en juego en el estancamiento partidista.
Para complicar aún más las cosas, los líderes republicanos han tenido dificultades para reunir a sus propios miembros detrás de una estrategia coherente. Los esfuerzos para aprobar una medida de financiación a corto plazo que mantendría abierto al DHS mientras continúan las negociaciones se han visto frustrados repetidamente, ya que los conservadores han insistido en utilizar el proyecto de ley que debe aprobarse para obtener concesiones en materia de inmigración.
Las profundas divisiones dentro del Partido Republicano han llevado a una crisis de liderazgo, sin que ni el presidente de la Cámara de Representantes, John Boehner, ni el líder de la mayoría del Senado, Mitch McConnell, hayan podido negociar un compromiso. Mientras tanto, el presidente Obama y los demócratas del Congreso se han mantenido unidos en su negativa a negociar sobre las acciones ejecutivas del presidente, estrechando aún más el camino hacia una resolución.
A medida que se prolonga el cierre, las consecuencias políticas podrían intensificarse, con una creciente frustración pública y los aspirantes presidenciales del partido en 2016 obligados a navegar en el polémico debate. El desafío para los líderes republicanos es encontrar una manera de satisfacer a su inquieta base evitando al mismo tiempo el tipo de batalla prolongada que podría infligir un daño duradero a la posición del partido.
Fuente: The New York Times


