El programa científico de la EPA enfrenta serios desafíos

El ex funcionario de calidad del aire de la EPA advierte que las capacidades científicas de la agencia se están deteriorando. Los expertos expresan preocupación por la dirección de la investigación y las prioridades de financiación que afectan los esfuerzos de protección ambiental.
Bryan Hubbell, quien anteriormente se desempeñó como director del programa de aire, clima y energía en la oficina de investigación de la Agencia de Protección Ambiental, ha expresado importantes preocupaciones sobre el estado actual de la investigación científica dentro de la principal agencia ambiental del país. En comentarios recientes, Hubbell hizo una evaluación aleccionadora de los desafíos que enfrentan los científicos de la EPA, afirmando claramente que "el estado de la ciencia está en dificultades". Sus observaciones llegan en un momento crítico en el que las cuestiones ambientales exigen una investigación rigurosa y bien financiada y capacidades científicas sólidas.
La oficina de investigación de la EPA ha servido durante mucho tiempo como piedra angular de la política de protección ambiental en los Estados Unidos, proporcionando la base científica para las regulaciones que afectan la calidad del aire, la seguridad del agua y la mitigación del cambio climático. Sin embargo, las preocupaciones de Hubbell sugieren que la capacidad de la agencia para realizar investigaciones de vanguardia y mantener su infraestructura científica puede estar deteriorándose. Los desafíos que identifica reflejan problemas sistémicos más amplios dentro de la organización que podrían tener implicaciones de gran alcance para la política ambiental y la protección de la salud pública en todo el país.
A lo largo de su mandato al frente del programa de aire, clima y energía, Hubbell fue testigo de primera mano de las complejidades de mantener un aparato científico sólido dentro de una agencia federal. Su programa se centró en áreas críticas que incluyen estándares de calidad del aire, investigación atmosférica, eficiencia energética y ciencia climática, todos campos que requieren inversión sostenida a largo plazo y continuidad institucional. La dificultad para sostener esta investigación representa un desafío fundamental para la misión principal de la EPA de proteger la salud humana y el medio ambiente a través de una regulación basada en evidencia.
La disminución de los recursos científicos de la EPA refleja múltiples presiones que enfrenta la agencia. Las restricciones presupuestarias han hecho que sea cada vez más difícil atraer y retener a los mejores talentos científicos, y los investigadores a menudo se van en busca de oportunidades mejor financiadas en el sector privado o en las universidades. Además, los cambios en las prioridades políticas y el enfoque regulatorio a veces han desviado recursos de la investigación fundamental hacia actividades de cumplimiento regulatorio más inmediatamente visibles. Estas dinámicas crean un círculo vicioso en el que la reducción de la capacidad de investigación conduce a bases científicas más débiles para las decisiones políticas.
Una de las preocupaciones más apremiantes tiene que ver con la investigación sobre la calidad del aire que forma la base de los Estándares Nacionales de Calidad del Aire Ambiental (NAAQS). Estas normas han protegido a millones de estadounidenses de las consecuencias para la salud de la contaminación del aire, incluidas enfermedades respiratorias, problemas cardiovasculares y mortalidad prematura. Mantener la base de evidencia científica para estos estándares requiere monitoreo, análisis e investigación revisada por pares continuos, todo lo cual exige financiamiento y personal sostenidos. Sin el respaldo científico adecuado, la agencia corre el riesgo de tomar decisiones basadas en información desactualizada o datos insuficientes.
El programa de investigación sobre clima y energía también ha enfrentado desafíos para mantener el impulso de investigaciones críticas sobre las emisiones de gases de efecto invernadero, las estrategias de adaptación al clima y el desarrollo de energías renovables. A medida que la urgencia del cambio climático se vuelve cada vez más evidente a través de eventos climáticos extremos y datos de monitoreo ambiental, la necesidad de investigaciones sofisticadas de la EPA crece en lugar de disminuir. Sin embargo, la infraestructura de investigación que respalda este trabajo no ha seguido el ritmo del creciente alcance y complejidad de las preguntas de la ciencia climática que requieren respuestas.
La evaluación de Hubbell destaca la dimensión humana de la crisis que enfrenta la ciencia de la EPA. Históricamente, la agencia ha atraído a científicos excepcionales motivados por la oportunidad de contribuir a la protección del medio ambiente y la salud pública. Sin embargo, la incertidumbre profesional, la inestabilidad presupuestaria y el cambio de prioridades han hecho que los puestos de la EPA sean menos atractivos para los científicos que inician su carrera. Esta migración de talentos amenaza el conocimiento y la experiencia institucional que han tardado décadas en desarrollarse dentro de la agencia. Los científicos más jóvenes siguen cada vez más carreras en otros lugares, lo que deja vacíos en el proceso de investigación.
La propia estructura de la oficina de investigación de la EPA ha sufrido varias reorganizaciones en los últimos años, que si bien a veces tenían como objetivo mejorar la eficiencia, a menudo han interrumpido los programas de investigación en curso y han dispersado el conocimiento institucional. Estos cambios estructurales, combinados con la congelación de contrataciones y la reducción de los presupuestos operativos, han creado un entorno en el que resulta difícil ejecutar iniciativas de investigación a largo plazo. Muchas investigaciones que requieren recopilación y análisis de datos durante varios años han sido restringidas o abandonadas, lo que ha retrasado la comprensión científica en áreas cruciales.
Los procesos de revisión por pares, que son esenciales para garantizar la calidad y credibilidad científica, también han experimentado interrupciones. El sólido sistema de revisión por pares que alguna vez caracterizó la ciencia de la EPA se ha vuelto menos riguroso debido a limitaciones de recursos y demandas competitivas de tiempo de los científicos. Esta disminución en los estándares de revisión podría, en última instancia, socavar la credibilidad de la investigación de la EPA ante los ojos tanto de la comunidad científica como del público, facilitando que las decisiones políticas sean cuestionadas basándose en supuestas deficiencias científicas.
Las implicaciones de las capacidades científicas de la EPA en dificultades se extienden mucho más allá de la propia agencia. Los estados, municipios y empresas privadas confían en la investigación de la EPA para comprender los riesgos ambientales y tomar decisiones informadas sobre el control de la contaminación, los esfuerzos de remediación y las estrategias de cumplimiento. Cuando la base científica de la EPA se debilita, estos usuarios intermedios de información ambiental pierden acceso a orientación confiable y autorizada. Esto crea incertidumbre en la toma de decisiones ambientales en toda la economía y reduce la efectividad de los esfuerzos de protección ambiental.
Además, la posición de Estados Unidos como líder mundial en ciencia y tecnología ambientales depende significativamente del mantenimiento de programas de investigación sólidos de la EPA. La cooperación internacional en cuestiones ambientales, desde la contaminación atmosférica transfronteriza hasta el cambio climático, depende de la credibilidad y la sofisticación de la ciencia ambiental estadounidense. A medida que otras naciones fortalecen sus capacidades de investigación ambiental, permitir que la capacidad científica de la EPA se deteriore corre el riesgo de disminuir la influencia estadounidense en negociaciones e iniciativas ambientales globales críticas.
Abordar los desafíos identificados por Hubbell requiere un compromiso sostenido para invertir en la infraestructura científica de la EPA. Esto incluye financiación adecuada para operaciones de investigación, salarios competitivos para atraer científicos talentosos, apoyo a proyectos de investigación a largo plazo que pueden no producir resultados inmediatos y protección de la independencia científica frente a presiones políticas a corto plazo. Los formuladores de políticas deben reconocer que la ciencia ambiental representa una inversión en gobernanza informada, no simplemente un gasto operativo.
El futuro de la protección ambiental en Estados Unidos depende de la fortaleza de las instituciones científicas responsables de comprender los problemas ambientales y desarrollar soluciones basadas en evidencia. La advertencia de Hubbell sobre el estado de la ciencia de la EPA merece una seria atención por parte de los líderes de la agencia, el Congreso y el poder ejecutivo. Sin una acción decisiva para revertir la disminución de la capacidad científica, la EPA corre el riesgo de perder su capacidad de cumplir su misión fundamental de proteger la salud humana y el medio ambiente a través de una ciencia rigurosa y una regulación informada.
Fuente: The New York Times

