El secreto de Epstein: cómo obtuvo los artefactos de la Meca Sagrada

Mensajes recientemente revelados exponen cómo Jeffrey Epstein usó sus conexiones para adquirir artefactos religiosos del sitio más sagrado del Islam para una estructura misteriosa en su isla privada.
La correspondencia descubierta recientemente ha revelado detalles inquietantes sobre la adquisición de artefactos islámicos sagrados por parte de Jeffrey Epstein, arrojando luz sobre una de las estructuras más enigmáticas de su exclusiva isla privada. Los mensajes demuestran cómo el financiero caído en desgracia aprovechó su extensa red de contactos ricos y figuras influyentes para obtener preciosos tapices y objetos religiosos procedentes de La Meca, el lugar más sagrado del Islam. Estas comunicaciones brindan información sin precedentes sobre los métodos de Epstein para adquirir artículos raros e históricamente significativos, lo que plantea serias dudas sobre la procedencia de los artefactos y la facilidad con la que individuos poderosos pueden eludir los protocolos establecidos.
El edificio en cuestión, construido en la isla Little St. James de Epstein en las Islas Vírgenes de Estados Unidos, ha desconcertado durante mucho tiempo a investigadores y observadores. Según los mensajes documentados, Epstein describió la estructura como una mezquita de una isla privada, aunque su propósito real y el alcance total de su uso siguen sin estar claros. La adquisición de objetos religiosos auténticos de la Gran Mezquita de La Meca sugiere un interés genuino en la arquitectura y el diseño islámicos o un esfuerzo calculado para crear una fachada impresionante para visitantes y asociados. La especificidad de obtener artículos del lugar más sagrado del Islam indica que la red de Epstein poseía un acceso notable a áreas restringidas y valiosos artículos del patrimonio religioso.
La correspondencia revela que Epstein no viajó personalmente a La Meca para adquirir estos artefactos, lo que habría sido imposible dado que los no musulmanes tienen prohibido ingresar a la ciudad santa. En cambio, dependió de intermediarios y conexiones dentro de su círculo social que tenían acceso a dichos artículos o la capacidad de facilitar su adquisición. Este acuerdo subraya cómo las élites ricas y sus redes pueden operar fuera de los canales y regulaciones convencionales que normalmente regirían el manejo y la venta de artefactos religiosos sagrados. La facilidad con la que se obtuvieron estos artículos genera importantes preocupaciones sobre el comercio internacional de objetos religiosos y culturales.
Fuente: The New York Times


