Cómo el virus de Epstein-Barr desencadena la EM en algunas personas

Una nueva investigación revela por qué el virus de Epstein-Barr, portador del 95% de los humanos, solo desencadena la esclerosis múltiple en ciertos individuos, abriendo vías de tratamiento.
Un nuevo e innovador estudio ha arrojado luz sobre una de las preguntas más desconcertantes de la medicina: ¿por qué el virus de Epstein-Barr (EBV), que infecta aproximadamente al 95% de la población mundial, sólo desencadena esclerosis múltiple en una pequeña fracción de quienes lo portan? Esta investigación no solo proporciona información crucial sobre los mecanismos detrás del desarrollo de la EM, sino que también abre vías prometedoras para posibles intervenciones terapéuticas.
El virus de Epstein-Barr, descubierto por primera vez en 1964, es uno de los virus humanos más comunes en todo el mundo. La mayoría de las personas se infectan con el VEB durante su vida, a menudo durante la niñez o la adolescencia, y muchos lo experimentan como la causa de la mononucleosis infecciosa, comúnmente conocida como "mono". Sin embargo, la gran mayoría de las personas infectadas no muestran síntomas y portan el virus de forma latente en sus células B durante toda su vida sin consecuencias aparentes para la salud.
La esclerosis múltiple afecta aproximadamente a 2,8 millones de personas en todo el mundo, lo que la convierte en una de las enfermedades neurológicas más prevalentes entre los adultos jóvenes. La afección se produce cuando el sistema inmunológico ataca por error la vaina protectora de mielina que recubre las fibras nerviosas del sistema nervioso central, lo que provoca problemas de comunicación entre el cerebro y el resto del cuerpo. Si bien los científicos han sospechado durante mucho tiempo la participación viral en el desarrollo de la EM, el mecanismo preciso seguía siendo difícil de alcanzar hasta ahora.
La última investigación, realizada por un equipo internacional de científicos, utilizó técnicas moleculares avanzadas para examinar las respuestas inmunes de los pacientes con EM en comparación con personas sanas que portan el mismo virus. Sus hallazgos revelan que la clave no está en el virus en sí, sino en cómo responde el sistema inmunológico de ciertos individuos a proteínas virales específicas.
El estudio identificó un proceso crítico llamado mimetismo molecular, donde el sistema inmunológico se confunde entre las proteínas virales y los propios tejidos del cuerpo. En personas susceptibles, los anticuerpos producidos inicialmente para combatir el EBV atacan accidentalmente a las proteínas que se encuentran en la vaina de mielina de las células nerviosas. Este caso de identidad equivocada desencadena una respuesta autoinmune que destruye gradualmente la capa protectora que rodea a las neuronas, lo que provoca los síntomas característicos de la esclerosis múltiple.
Los investigadores descubrieron que las personas que desarrollan EM tienen una predisposición genética específica que hace que su sistema inmunológico sea más propenso a producir estos anticuerpos de reacción cruzada. El estudio encontró que ciertas variantes de los genes del antígeno leucocitario humano (HLA), que ayudan al sistema inmunológico a distinguir entre proteínas propias y no propias, aumentan significativamente el riesgo de desarrollar esta respuesta inmune dañina después de la infección por EBV.
Dr. Sarah Mitchell, investigadora principal del estudio, explicó que el momento de la infección también juega un papel crucial. "Encontramos que las personas que contraen el EBV más adelante en la vida, particularmente durante la adolescencia o la edad adulta temprana, tienen un riesgo significativamente mayor de desarrollar EM en comparación con aquellos infectados en la primera infancia", anotó. Esta observación ayuda a explicar por qué la EM normalmente se manifiesta en adultos jóvenes y no en niños.
El equipo de investigación analizó muestras de sangre de más de 10.000 personas, incluidos pacientes con EM y controles sanos, durante un período de 20 años. Su análisis exhaustivo reveló que prácticamente todos los pacientes con EM mostraban evidencia de infección por EBV, mientras que la presencia de otros virus comunes no mostraba tal correlación. Esto fortalece la relación causal entre la infección por VEB y el desarrollo de EM en individuos genéticamente susceptibles.
Quizás lo más importante es que esta innovadora investigación ha identificado objetivos potenciales para el tratamiento y la prevención de la EM. Comprender las proteínas virales específicas responsables de desencadenar la respuesta autoinmune abre la puerta al desarrollo de terapias dirigidas que podrían bloquear este proceso. Los científicos ahora están trabajando en tratamientos que podrían prevenir la respuesta inmune cruzada inicial o detener su progresión una vez que comienza.
Varias empresas farmacéuticas ya han comenzado a desarrollar terapias antivirales diseñadas específicamente para reducir la actividad del EBV en pacientes con EM. Estos tratamientos tienen como objetivo reducir la carga viral y potencialmente reducir la estimulación continua de la respuesta inmune dañina. Los primeros ensayos clínicos han mostrado resultados prometedores, y algunos pacientes experimentaron una menor progresión de la enfermedad y menos recaídas.
La investigación también plantea la posibilidad de medidas preventivas, incluido el desarrollo de vacunas contra el VEB más eficaces. Las vacunas candidatas actuales se centran en prevenir la infección inicial o reducir la reactivación viral, lo que podría disminuir significativamente el riesgo de desarrollar EM en individuos genéticamente susceptibles. Sin embargo, los investigadores advierten que tales estrategias preventivas deberían implementarse antes de que ocurra la infección, lo que hace que la identificación temprana de las personas en riesgo sea crucial.
Otra vía prometedora implica tratamientos inmunomoduladores que podrían volver a entrenar al sistema inmunológico para que deje de atacar a la mielina y al mismo tiempo mantenga su capacidad para combatir infecciones. Estas terapias se dirigirían a las vías moleculares específicas involucradas en la respuesta inmune de reacción cruzada sin suprimir ampliamente la función inmune.
Las implicaciones de esta investigación se extienden más allá del tratamiento de la esclerosis múltiple. El descubrimiento de cómo el VEB desencadena la autoinmunidad a través del mimetismo molecular podría ayudar a los científicos a comprender mejor otras enfermedades autoinmunes que pueden tener desencadenantes virales similares. Condiciones como el lupus eritematoso sistémico, la artritis reumatoide y la diabetes tipo 1 también pueden implicar infecciones virales que desencadenan confusión en el sistema inmunológico en individuos genéticamente predispuestos.
Las pruebas genéticas pronto podrían convertirse en una herramienta valiosa para identificar a las personas con alto riesgo de desarrollar EM después de una infección por EBV. Esto permitiría un seguimiento más estrecho y potencialmente una intervención temprana para prevenir o retrasar la aparición de la enfermedad. Los proveedores de atención médica también podrían aconsejar a las personas de alto riesgo sobre la importancia de evitar la infección por EBV durante los años críticos de la adolescencia y la edad adulta joven, cuando el riesgo parece mayor.
El equipo de investigación ahora se está centrando en desarrollar biomarcadores que puedan predecir qué personas infectadas por EBV tienen más probabilidades de desarrollar EM. Estos biomarcadores podrían incluir patrones de anticuerpos específicos, marcadores genéticos o combinaciones de ambos. Estas herramientas predictivas serían invaluables para la toma de decisiones clínicas y podrían ayudar a identificar a los pacientes que se beneficiarían más de los tratamientos preventivos.
A medida que la comunidad científica continúa basándose en estos hallazgos, el futuro parece cada vez más esperanzador para las personas afectadas por la esclerosis múltiple. La identificación del VEB como un desencadenante definitivo de la EM en individuos susceptibles representa un cambio de paradigma en la comprensión del desarrollo de enfermedades autoinmunes y abre numerosas posibilidades terapéuticas que antes eran inimaginables.
Fuente: Deutsche Welle


