La estrategia de emisiones de metano es fundamental para la seguridad climática y energética

La AIE revela cómo abordar las emisiones de metano puede combatir el cambio climático y al mismo tiempo fortalecer la seguridad energética global en medio de tensiones geopolíticas.
La Agencia Internacional de Energía ha publicado un análisis exhaustivo que subraya la urgente necesidad de abordar las emisiones de metano como una estrategia dual para combatir el cambio climático y al mismo tiempo reforzar la seguridad energética global. Este informe fundamental llega en un momento en que las tensiones geopolíticas, particularmente en torno al papel de Irán en los mercados energéticos globales, amenazan con desestabilizar los suministros internacionales de petróleo y gas. Los hallazgos de la agencia sugieren que un esfuerzo concertado para reducir las fugas de metano de las instalaciones de producción de energía podría servir para múltiples propósitos simultáneamente: reducir las concentraciones de gases de efecto invernadero y al mismo tiempo disminuir la dependencia de fuentes de energía volátiles.
El metano, que representa el segundo gas de efecto invernadero más importante después del dióxido de carbono, tiene un potencial de calentamiento aproximadamente 28 veces mayor que el CO2 en un período de 100 años. El sector energético sigue siendo uno de los mayores contribuyentes a las emisiones de metano a nivel mundial, con importantes fugas que se producen durante la extracción, el procesamiento, el transporte y la distribución de combustibles fósiles. Según la evaluación detallada de la AIE, la reducción de estas emisiones representa uno de los enfoques más rentables para la mitigación del clima actualmente disponibles para los responsables políticos y los líderes de la industria en todo el mundo.
El informe enfatiza que las estrategias de reducción de metano ofrecen beneficios inmediatos y mensurables para la composición atmosférica. A diferencia del dióxido de carbono, que persiste en la atmósfera durante siglos, el metano se descompone con relativa rapidez, normalmente en un plazo de 10 a 12 años. Esta característica significa que las iniciativas agresivas de reducción de metano podrían producir beneficios climáticos visibles en una sola década, proporcionando un progreso tangible hacia el cumplimiento de los compromisos climáticos internacionales y los objetivos del Acuerdo de París.
Fuente: Al Jazeera


