Armas de grado militar vigilan las calles de Estados Unidos: es hora de cambiar

Explore la alarmante militarización de las fuerzas del orden estadounidenses y cómo el Congreso puede abordar esta amenaza a las libertades civiles y el estilo de vida estadounidense.
Las calles principales de Estados Unidos se han convertido en una zona de guerra, y los drones depredadores y los vehículos blindados de transporte de personal se están volviendo comunes en las ciudades estadounidenses. Esta preocupante militarización de la aplicación de la ley está muy lejos de la visión de libertad consagrada en la Declaración de Independencia, que la nación conmemora el 250 aniversario de este año.
El año pasado, en particular, fue testigo de una tendencia preocupante, con el despliegue de ICE por parte de Donald Trump y la guardia nacional en múltiples ciudades de EE. UU., incluidas Washington DC, Chicago, Los Ángeles y Minneapolis. Existe documentación de aplicación de la ley de inmigración utilizando equipo de grado militar transferido desde el Pentágono.

Desde Chicago hasta California, se ha observado que agentes de seguridad nacional utilizan granadas flash, drones depredadores y otras tácticas y equipos de grado militar contra manifestantes e inmigrantes. Este enfoque de mano dura está muy lejos de los principios de libertades civiles y del estilo de vida estadounidense.
Hank Johnson, un congresista demócrata de Georgia, y Michael Shank, director de Ciudades Carbono Neutrales de la Universidad de Vermont, sostienen que el Congreso tiene el poder de arreglar esto. Creen que la militarización de la aplicación de la ley es una amenaza a las mismas libertades y derechos sobre los que se fundó Estados Unidos.
En su opinión, el uso de equipo y tácticas de grado militar por parte de la policía local y agentes federales es una clara violación de la Ley Posse Comitatus, que prohíbe el uso del ejército para la aplicación de la ley nacional. Sostienen que esta práctica no sólo erosiona la confianza pública en las fuerzas del orden, sino que también socava los principios mismos de la democracia.
Johnson y Shank piden una acción inmediata para abordar este problema, incluidas audiencias en el Congreso, legislación para limitar la transferencia de equipo militar a las fuerzas del orden locales y una revisión exhaustiva del Posse Comitatus Actuar para garantizar que se aplique adecuadamente.
Argumentan que restablecer el equilibrio entre la seguridad pública y las libertades civiles es esencial para la salud de la democracia estadounidense. Al abordar la militarización de la aplicación de la ley, creen que la nación puede recuperar la visión de libertad por la que los Fundadores lucharon hace 250 años.


