La Corte Suprema desmantela la Ley de Derecho al Voto

Los jueces de la Corte Suprema anulan protecciones clave del derecho al voto, lo que genera preocupaciones sobre la democracia y la aplicación de los derechos civiles en Estados Unidos.
En una decisión histórica y profundamente controvertida, la Corte Suprema de los Estados Unidos ha desmantelado efectivamente una de las leyes de derechos civiles más transformadoras jamás promulgadas en la historia de Estados Unidos. El fallo representa la culminación de esfuerzos de décadas por parte de jueces conservadores para desmantelar sistemáticamente la Ley de Derecho al Voto, una ley que reformó fundamentalmente la democracia estadounidense y protegió el derecho fundamental de millones de ciudadanos a emitir su voto. Los expertos legales y los defensores de los derechos civiles están haciendo sonar las alarmas sobre lo que significa esta decisión para el futuro de la democracia multirracial y la representación equitativa en todo el país.
Los tres jueces que más contribuyeron a este resultado (John Roberts, Clarence Thomas y Samuel Alito) han hecho de la oposición a la Ley de Derecho al Voto la misión central de sus carreras judiciales. A lo largo de múltiples mandatos de la Corte Suprema, estos jueces han escrito opiniones, coincidencias y disensos diseñados para socavar los mecanismos de aplicación de la ley más poderosos. Su esfuerzo colectivo representa un asalto judicial sin precedentes a un estatuto que surgió del Movimiento de Derechos Civiles de la década de 1960 y que ha sido reautorizado por el Congreso en múltiples ocasiones con un apoyo bipartidista abrumador.
La decisión llegó el miércoles, marcando lo que muchos observadores describen como el golpe final a un marco legal que alguna vez impidió a los estados con antecedentes de discriminación racial implementar cambios electorales sin la aprobación federal. Este requisito, conocido como autorización previa, se presentó como una de las herramientas más efectivas para prevenir prácticas electorales discriminatorias antes de que pudieran entrar en vigor. Sin esta salvaguardia, los defensores del derecho al voto advierten que los estados tendrán muchas menos restricciones a la hora de implementar políticas que podrían afectar desproporcionadamente a los votantes de color.
Las implicaciones de este fallo se extienden mucho más allá de los tecnicismos legales o minucias constitucionales. La decisión ha generado serias dudas sobre si la mayoría de la Corte está dando prioridad a teorías constitucionales abstractas sobre la realidad vivida de la discriminación racial actual en las prácticas electorales en todo Estados Unidos. Los juristas señalan que los jueces de la mayoría se han basado consistentemente en argumentos que sugieren que la discriminación racial en la votación es en gran medida un artefacto histórico, a pesar de evidencia sustancial de lo contrario proveniente de litigios e investigaciones sobre el derecho al voto durante la última década.
Uno de los aspectos más sorprendentes de esta decisión es cómo refleja un cambio fundamental en la forma en que la Corte Suprema entiende el papel del poder federal en la protección de los derechos civiles. La opinión mayoritaria, escrita por uno de los tres jueces mencionados anteriormente, enfatiza la deferencia a la soberanía estatal y el escepticismo sobre la capacidad del gobierno federal para abordar la discriminación actual. Esta filosofía contrasta marcadamente con la visión constitucional adoptada por los arquitectos originales de la Ley de Derecho al Voto, quienes argumentaron que una intervención federal extraordinaria era necesaria precisamente porque los estados no habían protegido los derechos de voto por sí solos.
La Ley de Derecho al Voto de 1965 nació de un momento de claridad moral en la democracia estadounidense. Después de años de supresión violenta de los derechos de voto de los negros en el Sur, el Congreso promulgó un estatuto que no se basaría únicamente en litigios a posteriori para remediar la discriminación. En cambio, requirió que ciertas jurisdicciones demostraran que los cambios en la votación no dañarían a los votantes minoritarios antes de implementarlos. Este enfoque prospectivo demostró ser notablemente exitoso a la hora de prevenir esquemas de supresión de votantes antes de que pudieran echar raíces.
A lo largo de décadas, la ley protegió a millones de votantes e impidió que se implementaran innumerables políticas electorales discriminatorias. Investigaciones realizadas por politólogos y académicos sobre el derecho al voto han demostrado que el requisito de autorización previa bloqueaba sistemáticamente los cambios electorales que habrían diluido el poder de los votantes minoritarios. Los estados y municipios se vieron obligados a justificar sus reglas de votación, lo que condujo a una representación más equitativa y protegió el derecho al voto de aquellos que históricamente habían enfrentado los mayores obstáculos para votar.
La Corte Suprema ha estado socavando constantemente la Ley de Derecho al Voto durante años. En 2013, en el caso Shelby County v. Holder, la Corte anuló la fórmula que determinaba qué jurisdicciones requerían aprobación federal antes de cambiar sus reglas de votación. Esa decisión, escrita por el presidente del Tribunal Supremo Roberts, esencialmente suspendió el requisito de autorización previa al eliminar el mecanismo para aplicarlo. La decisión del miércoles parece dar el golpe institucional final, haciendo casi imposible que los defensores del derecho al voto utilicen la ley federal para prevenir prácticas electorales discriminatorias.
Lo que hace que este resultado sea particularmente preocupante es que llega en un momento en el que la discriminación electoral no ha desaparecido de la política estadounidense: simplemente ha evolucionado. En lugar de clasificaciones raciales explícitas, la discriminación electoral moderna a menudo toma la forma de requisitos de identificación de los votantes, purgas estrictas de votantes, reducción de los períodos de votación anticipada y manipulación que diluye el poder de los votantes minoritarios. Los investigadores han demostrado que estas prácticas, a menudo implementadas con un lenguaje que no menciona explícitamente la raza, han documentado impactos dispares en los votantes de color.
Los jueces de la mayoría han argumentado que la Ley de Derecho al Voto, tal como estaba estructurada originalmente, interfirió con la soberanía estatal y que el Congreso debería crear una nueva fórmula si quiere restaurar las protecciones de autorización previa. Sin embargo, esto supone una enorme carga para un Congreso amargamente dividido para aprobar una nueva legislación sobre el derecho al voto, algo que ha resultado casi imposible en los últimos años. El efecto práctico es que los votantes minoritarios en estados con antecedentes de discriminación tendrán sustancialmente menos protecciones contra cambios electorales que perjudiquen sus intereses.
Las organizaciones de derechos civiles ya han anunciado planes para impugnar la decisión y presionar al Congreso para que promulgue una nueva legislación sobre el derecho al voto que pueda sobrevivir al escrutinio constitucional. Sin embargo, los obstáculos políticos son formidables. Parece poco probable que las legislaturas controladas por los republicanos en muchos estados apoyen restricciones a su propia autoridad de voto, y la legislación federal requiere un apoyo sustancial de ambos partidos.
El historial es claro: cuando se les dio la oportunidad de discriminar en la votación sin supervisión federal, algunos estados lo hicieron. La decisión de eliminar estas protecciones representa una decisión fundamental de la Corte de confiar en los funcionarios estatales y locales en lugar de proteger los derechos de voto de los ciudadanos que han enfrentado generaciones de discriminación. Los juristas de todo el espectro político reconocen que esto representa una de las decisiones sobre el derecho al voto de la Corte Suprema más importantes en décadas, con profundas consecuencias para la democracia estadounidense y la posibilidad de lograr un sistema electoral verdaderamente inclusivo.
En el futuro, la protección del derecho al voto dependerá más de la Sección 2 de la Ley de Derecho al Voto, que permite a las personas impugnar las prácticas electorales discriminatorias en los tribunales una vez que se hayan implementado. Sin embargo, este remedio es mucho menos efectivo que la autorización previa, ya que requiere identificar la discriminación una vez que ya se ha puesto en práctica y ganar largos litigios para revocarla. La carga de la prueba recae en quienes cuestionan las reglas de votación, más que en el gobierno, que debe justificar los cambios en los procedimientos de votación. Este cambio fundamental remodelará el panorama de la protección del derecho al voto en Estados Unidos en las próximas décadas.
Fuente: The Guardian


