La desastrosa guerra de Trump contra Irán provoca indignación global y crisis económica

A medida que se intensifica la guerra ilegal de Trump con Irán, su aliado Netanyahu, adicto a la violencia, aterroriza al Líbano. Se avecina un fracaso humillante que daña la posición global de Estados Unidos.
La guerra imprudente e ilegal de Trump con Irán está provocando una crisis global, a medida que el presidente de Estados Unidos pierde constantemente un conflicto que él inició pero que no puede detener. Su compañero israelí adicto a la violencia, Benjamin Netanyahu, también está aterrorizando al Líbano, desestabilizando aún más la región y amenazando la seguridad de la gente común en todo el mundo.
La factura económica por la locura de Trump es asombrosa, como lo demuestra ataques a infraestructuras y redes de transporte en todo el Golfo cobran un alto precio. Esta Casa Blanca adicta a la violencia ya ha durado demasiado, y la guerra de Trump debe ser restringida antes de que cause más daño a la seguridad y la estabilidad globales.
La humillación Ahora se vislumbra el fracaso, tan simbólicamente perjudicial para la posición global y la autoestima nacional de Estados Unidos como Afganistán o Irak. Los estadounidenses deben actuar con decisión para poner su casa en orden y frenar a un presidente que nos pone en peligro a todos con su degradación diaria de la democracia, apaciguamiento de Rusia, aranceles punitivos, negación de la crisis climática y desacato del derecho internacional.

El público mundial está cada vez más alarmado por las acciones imprudentes de Trump, que han amenazado la seguridad de personas en todas partes. A medida que Irán intensifica sus ataques contra infraestructuras críticas y redes de transporte en todo el Golfo, las consecuencias económicas son cada vez más graves y afectan a los ciudadanos comunes y a las empresas de todo el mundo.
Esta crisis es un crudo recordatorio de los peligros de una agresión desenfrenada y de la necesidad de un liderazgo diplomático responsable en el escenario global. La negativa de Trump a dar marcha atrás y su apoyo ciego a las políticas beligerantes de Netanyahu han llevado al mundo al borde de un conflicto más amplio, uno que podría tener consecuencias devastadoras para todos los involucrados.

El fracaso humillante que ahora se vislumbra será un golpe simbólico para EE.UU. posición global y autoestima nacional, a la par de las debacles en Afganistán e Irak. Los estadounidenses deben exigir que sus líderes actúen rápidamente para frenar a un presidente que ha mostrado un desprecio imprudente por el derecho internacional, la estabilidad global y el bienestar de sus propios ciudadanos.
Mientras el mundo observa consternado, está claro que las acciones de Trump han hecho que Estados Unidos vuelva a perder guerras, deshaciendo décadas de progreso y prestigio ganados con tanto esfuerzo. Ha llegado el momento de recalibrar la política exterior de Estados Unidos, una que dé prioridad a la diplomacia, la cooperación y la protección de los derechos humanos por encima de la postura vacía de una administración adicta a la violencia.
La comunidad global debe mantenerse firme frente a la agresión de Trump y trabajar para reducir la crisis antes de que se salga de control. La continua inacción sólo envalentonará a la Casa Blanca y su aliado israelí, poniendo en peligro aún más la estabilidad regional y global. Lo que está en juego nunca ha sido tan grande, y el mundo está observando, esperando que surja un liderazgo responsable y restablezca la cordura a la política exterior de Estados Unidos.
Fuente: The Guardian

