La alianza de Trump con Israel está remodelando Oriente Medio y surgen riesgos

La firme alianza de Trump con Israel bajo el gobierno de Netanyahu está transformando el panorama de Medio Oriente, pero conlleva importantes riesgos geopolíticos que podrían desestabilizar la región.
El apoyo inquebrantable de la administración Trump a Israel bajo el primer ministro Benjamin Netanyahu ha remodelado fundamentalmente el panorama de Medio Oriente, trastocando décadas de política exterior estadounidense en la región. Desde reconocer Jerusalén como capital de Israel hasta mediar en los Acuerdos de Abraham que normalizaron las relaciones entre Israel y varios estados árabes, Trump se ha alineado firmemente con el estado judío, para consternación de los líderes palestinos.
Esta alianza estratégica ha otorgado a Israel una influencia sin precedentes, reforzando su posición como potencia regional y alentando sus políticas agresivas hacia los palestinos. Sin embargo, esta realineación también conlleva importantes riesgos que podrían desestabilizar aún más una región que ya es volátil.
La asociación Trump-Netanyahu ha sido una característica definitoria de la política exterior de la administración, y los dos líderes comparten una visión del mundo que es profundamente escéptica respecto del multilateralismo y las instituciones internacionales. Esto ha llevado a un enfoque unilateral del conflicto palestino-israelí, que ha sido ampliamente criticado por la comunidad internacional por ser sesgado y contraproducente.
El reconocimiento de Jerusalén como capital de Israel, por ejemplo, fue visto por muchos como una medida provocadora e incendiaria que socavaba las perspectivas de una solución de dos Estados. De manera similar, los Acuerdos de Abraham, si bien han sido aclamados como un avance diplomático, han sido criticados por dejar de lado la cuestión palestina y priorizar los intereses económicos y de seguridad por encima de la política reconciliación.
Las ramificaciones de este realineamiento ya se están sintiendo en toda la región. Irán, un adversario de larga data tanto de Estados Unidos como de Israel, ha intensificado sus guerras por poderes en lugares como Siria y el Líbano, mientras busca contrarrestar la influencia creciente de los Israel-EE.UU. alianza. Los Estados árabes que han normalizado relaciones con Israel, como los EAU y Bahréin, también han enfrentado reacciones internas y tensiones regionales como resultado.
Además, la administración retirada del acuerdo nuclear con Irán y la reimposición de sanciones han aumentado las tensiones en la región del Golfo, aumentando el riesgo de un conflicto militar. Este enfoque halcón también ha socavado la credibilidad de Estados Unidos como árbitro neutral en la región, complicando aún más los esfuerzos diplomáticos para resolver Conflicto palestino-israelí.
A medida que la administración asuma el poder, se enfrentará a la tarea abrumadora de navegar por el paisaje complejo y volátil geopolítico que dejó atrás la alianza Trump-Netanyahu. Restaurar a Estados Unidos como un intermediario creíble e imparcial en la región, y al mismo tiempo abordar las preocupaciones apremiantes humanitarias y de seguridad de la palestinos, será crucial para navegar este delicado equilibrio.
Fuente: The New York Times


