Las vacunas pueden reducir el riesgo de demencia, descubren los científicos

Las vacunas de rutina, como las vacunas contra la gripe y el herpes zóster, están relacionadas con un menor riesgo de demencia. Los científicos tienen una hipótesis sorprendente sobre cómo protegen el cerebro.
Un creciente conjunto de investigaciones está revelando una conexión notable entre las vacunas de rutina y una reducción significativa del riesgo de demencia. Múltiples vacunas contra enfermedades comunes, incluidas la influenza estacional, el VRS (virus respiratorio sincitial), el tétanos, la difteria y la tos ferina (Tdap), las infecciones neumocócicas, la hepatitis A y B y la fiebre tifoidea, han demostrado asociaciones con tasas más bajas de deterioro cognitivo. Entre estas inoculaciones protectoras, una destaca con especial fuerza: la vacuna contra la culebrilla, que ha mostrado pruebas cada vez más convincentes que vinculan la vacunación con una reducción de la incidencia de demencia. A medida que se siguen acumulando nuevos datos, los investigadores se enfrentan a un intrigante enigma científico que desafía la comprensión convencional sobre cómo funcionan las vacunas.
El misterio central al que se enfrentan los investigadores implica comprender el mecanismo por el cual las vacunas dirigidas a patógenos específicos podrían proporcionar efectos protectores contra enfermedades neurodegenerativas. La ciencia tradicional de las vacunas se ha centrado durante mucho tiempo en la capacidad de las inmunizaciones para generar inmunidad contra agentes infecciosos particulares mediante la estimulación de respuestas de anticuerpos específicas. Sin embargo, los datos emergentes que sugieren amplios beneficios neuroprotectores en múltiples tipos de vacunas apuntan a que ocurre algo más fundamental dentro del sistema inmunológico. Los científicos teorizan que las vacunas pueden estar activando respuestas inmunes de maneras que se extienden mucho más allá de sus objetivos específicos de patógenos previstos, confiriendo potencialmente protección contra los procesos celulares e inflamatorios que subyacen al desarrollo de la demencia.
Una hipótesis particularmente intrigante se centra en el sistema inmunológico innato, el mecanismo de defensa de primera línea del cuerpo que antes se pensaba que era en gran medida no adaptativo y difícil de entrenar. Según esta teoría emergente, la vacunación puede mejorar la inmunidad innata mediante un proceso que los investigadores todavía están trabajando para caracterizar completamente. El sistema inmunológico innato, compuesto por varios glóbulos blancos y moléculas de proteínas que responden ampliamente a las amenazas patógenas, tradicionalmente se ha considerado menos específico y menos entrenable que el sistema inmunológico adaptativo. Sin embargo, los avances recientes en inmunología han revelado que el sistema inmunológico innato posee mayor plasticidad y capacidad de entrenamiento de lo que se pensaba anteriormente, capaz de ser
Fuente: Ars Technica

