Agricultores galeses demandan a promotor de energía verde por planes de torres

500 agricultores galeses presentan un caso histórico en el tribunal superior contra Green Gen Cymru, alegando intimidación, invasión y violaciones de bioseguridad por la construcción de postes eléctricos.
En un avance significativo para las comunidades agrícolas de todo Gales, aproximadamente 500 agricultores han iniciado un desafío legal histórico en el tribunal superior, confrontando directamente a un desarrollador de energía verde acusado de mala conducta durante la planificación de la ruta de los postes. El caso representa uno de los desafíos organizados más importantes del sector agrícola contra proyectos de infraestructura de energía renovable en los últimos años, lo que plantea importantes cuestiones sobre los derechos de los propietarios de tierras y el equilibrio entre los objetivos climáticos y los intereses agrícolas.
La acción legal está dirigida a Green Gen Cymru, una empresa de energía renovable que planea construir extensas rutas de postes eléctricos que atravesarían tierras agrícolas en todo Gales. El reclamo colectivo de los agricultores abarca múltiples acusaciones graves, incluida la entrada ilegal a propiedades privadas, la supuesta intimidación de los propietarios de tierras y el aparente desprecio por los protocolos de bioseguridad establecidos. Estos cargos forman la base del testimonio esperado durante la audiencia del tribunal superior programada para el martes y miércoles, donde los representantes legales presentarán pruebas y argumentos ante el juez.
Según documentos judiciales y declaraciones de representantes de los agricultores, la conducta en cuestión ha causado considerable preocupación dentro de las comunidades rurales de Gales. Los propietarios de tierras han expresado su frustración por lo que caracterizan como tácticas agresivas empleadas durante las negociaciones de acceso a la tierra y los procesos de consulta. Los agricultores argumentan que tal comportamiento viola derechos fundamentales de propiedad y crea una atmósfera intimidante que socava el diálogo genuino entre los desarrolladores de energía y aquellos cuyas tierras se verían directamente afectadas por proyectos de infraestructura.


